Archive for the ‘Masoneria’ Category

El Símbolo Perdido

agosto 22, 2010
El Simbolo Perdido 

En el ultimo libro de Dan Brown, “El Simbolo Perdido”, el personaje principal se lanza en una busqueda que lo lleva al corazon de la Masoneria, un mundo lleno de simbolos y rituales secretos, que exceden la ficción, ya que representan un realidad y este documental de Natgeo nos hará conocer que hay de cierto en esta novela, que en realidad tal vez sea superada por la realidad.


Ficha Tecnica 

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Idioma: Latino 
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El Cuerpo Glorioso (Resucitado)

junio 21, 2010

I. La transformación en general CUERPO-GLORIOSO RS/CUERPO:

1. Si la salvación se revela en el cuerpo, el cuerpo resucitado tiene  que ser completamente distinto del cuerpo de esta existencia histórico-temporal. En realidad hay entre ambas formas de existencia una diferencia esencial. La resurrección no es la recuperación del cuerpo abandonado por el alma ni la continuación de la vida anterior, sino el principio de una vida nueva. El resucitado no es devuelto a ninguno de los estados de su existencia histórico-temporal, sino que la resurrección implica una transformación. El error de los ilustrados saduceos consistía en que no podían imaginar la resurrección más que como la restauración de la vida corporal interrumpida por la muerte.
Cristo les dice que el cuerpo resucitado y el cuerpo histórico existen de maneras distintas. San Pablo llama locas a tales ideas, también difundidas en Corinto. Como la semilla es arrojada a la tierra y debe morir, para que de ella nazca la planta, el cuerpo debe pasar también por la muerte, para poder sobrevivir en la existencia nueva. El punto de comparación es la transformación, que es la categoría apropiada para entender el cuerpo resucitado. La transformación no resulta de un proceso evolutivo orgánico; es obrada por Dios (I Cor. 15, 38; 52; 57). Es gracia (II Cor. 1, 9; Col. 1,

2. La idea de la transformación nos sale al paso en la liturgia. Está también a la base del prefacio de difuntos, cuando dice que la meta definitiva del hombre sólo se alcanza en la resurrección de los muertos.
En verdad es digno y justo, equitativo y saludable darte gracias siempre y en todas partes, Señor, Santo Padre, Omnipotente, Eterno Dios: Por Cristo nuestro Señor. En El nos brilla la esperanza de una bienaventurada resurrección. Aunque nos contrista nuestra suerte mortal cierta, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Pues a tus fieles, Señor, no les puede ser quitada la vida, sino transformada.
Cuando este albergue de su peregrinación por la tierra se convierta en polvo, les estará preparado una eterna morada en el cielo.”

3. Ser resucitado no significa, por tanto, continuar sin fin la existencia terrena e histórica. Tal idea estaría en directa contradicción con la revelación de la resurrección de los muertos. Con su inagotable fuerza creadora Dios resucitará a los hombres con otro cuerpo distinto del de la experiencia e imposible de describir con los medios de nuestro conocimiento empírico. Entre la existencia terrena y la existencia resucitada hay, sin duda, una relación, pero a la vez se extiende entre ambas formas de existencia un abismo imposible de traspasar con las fuerzas humanas. El camino de una a otra pasa por la muerte y por la transformación condicionada por la muerte y obrada por Dios. Sin esta transformación nadie puede ser partícipe de la existencia resucitada.
Pero la transformación es totalmente acción de Dios. Es un milagro incomprensible. La comparación del apóstol con la transformación de la semilla no puede, según eso, ser exagerada. Simboliza la alteridad del cuerpo resucitado frente al cuerpo histórico, pero no puede explicar la razón de la transformación del cuerpo terreno en un cuerpo celestial.
Mientras que la transformación de la semilla se mantiene en el marco de sus leyes inmanentes, la transformación del cuerpo histórico en suprahistórico no puede ser explicada por la acción de leyes naturales.
Para ello se necesita más bien una intervención graciosa del misterioso poder divino.

1.Cualidades del cuerpo glorioso
Sobre el modo de ser del cuerpo transformado poco nos dice la Escritura. En definitiva, es un misterio incomprensible. En la Escritura es comparado el cuerpo resucitado al cuerpo glorioso de Cristo, que es el prototipo y modelo de la futura transfiguración. El futuro cuerpo resucitado ya no estará esclavizado a las leyes del espacio y del tiempo, aunque -como el cuerpo de Cristo- quedará unido de algún modo al espacio y al tiempo.

1. En particular San Pablo, en la epístola a los Corintios enumera las siguientes propiedades del cuerpo resucitado: está dotado de perennidad, fuerza y gloria, mientras que al cuerpo histórico-temporal inhieren la caducidad, debilidad y deshonor.
La perennidad es a los ojos del Apóstol un bien extraordinariamente grande. La caducidad es signo del pecado y la creación fue sometida a ella por culpa del pecado (Rom. 8, 20). El cuerpo resucitado está sustraído a todas las leyes de la caducidad. Por ser imperecedero e inmortal en la vida del cielo no es necesario el matrimonio, como antes vimos. Los resucitados serán iguales que los ángeles, dotados de vida inmortal (Lc. 20, 36; cfr. Apoc. 7, 16; 21, 4). Por eso tampoco habrá ya entre ellos angustia de morir. Todo lo que impide y amenaza la vida, desaparecerá. Los resucitados “ya no tendrán hambre, ni tendrán ya sed, ni caerá sobre ellos el sol, ni ardor alguno” (/Ap/07/16). Como ejemplos de plagas que pueden torturar al hombre en la historia, enumera San Juan las que más atormentaron al pueblo de Israel mientras atravesaba el desierto. Los abrasadores rayos del sol caían como flechas. Al mediodía se desencadenaba la corrupción como un demonio y el siroco consumía todas las fuerzas (cfr. Eclo. 43, 4, Ps. 121 [120], 6; Ps. 91 [90], 5-6). Estas tribulaciones son símbolos de los dolores que tendrá que soportar el pueblo de Dios del NT mientras dure su peregrinación por el desierto de la vida terrena. A los resucitados ya no les podrán atacar. Pues el Cordero que está delante del trono, “los apacentará y los guiará a las fuentes de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos” (Apoc. 7, 17). Tan increíble suena el mensaje de una vida inmortal, que el vidente la anuncia con énfasis por segunda vez: “y enjugará las lágrimas de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado” (/Ap/21/04). Dios mismo garantiza la esperanza de esa promesa que contradice toda experiencia. San Juan continúa: “Y dijo el que estaba sentado en el trono: He aquí que son nuevas todas las cosas. Y dijo: Escribe, porque éstas son las palabras fieles y verdaderas (Apoc. 21, 5).

2. La segunda propiedad del cuerpo resucitado es, según San Pablo, la fuerza. Según el Apóstol, es una característica de toda actuación de Dios. El hecho de que la atribuya al cuerpo resucitado significa que ese cuerpo está lleno del omnipotente fuego del amor divino y de la validez de la verdad celestial.

3. E1 cuerpo resucitado será además glorioso y bello. La palabra griega traducida por gloria (doxa) puede significar también fama y honor. La gIoria es, según la Escritura, una propiedad de Dios y de Cristo resucitado (Rom. 1, 23; 8, 17, 29; I Cor. 2, 7; II Cor. 3, 18; 4, 4. 6; II Thess. 2, 14). Sobre el cuerpo resucitado se extiende la gloria de Cristo y le ilumina. El cuerpo glorioso pertenecerá a la vida celestial y no a la terrestre. Estará lleno del esplendor que vio Pablo cuando se le apareció el Señor glorificado. Es una abundancia y plenitud de luz que los ojos humanos no pueden resistir. Los justos lucirán como soles (Mt. 13, 14).

4. CUERPO-ESPIRITUAL: San Pablo llama al cuerpo transfigurado cuerpo espiritual. El cuerpo no transformado es un cuerpo “carnal”. Sólo tiene un principio vital natural. El cuerpo transformado será penetrado por el Espíritu Santo y tendrá un principio vital perfecto que transfigurará el principio vital natural: el Espíritu Santo. Por eso puede ser llamado cuerpo celestial. También el cuerpo terreno es expresión del espíritu, pero según antes dijimos, la capacidad expresiva de nuestro cuerpo es muy pequeña, mientras dura la vida de peregrinación. El cuerpo revela y encubre el espíritu; el espíritu no puede revelarse perfectamente en el cuerpo a consecuencia de su propia debilidad y de la resistencia de la materia. El cuerpo transformado del futuro será perfectamente transparente para el espíritu. El espíritu irrumpirá visiblemente a través del cuerpo. La vida, que revelará el cuerpo transformado, es la vida del espíritu, que realiza su propio conocimiento y amor, pero además revelará la vida del espíritu que participa del conocimiento y amor de Dios. El cuerpo transformado refleja, por tanto, la claridad y luz de Dios.
Sólo el cuerpo transfigurado por el Espíritu Santo es capaz de hacerse transparente al fuego y luz de Dios, a su verdad e intimidad. Traspasado de la luz y fuego de Dios, se hace él mismo luminoso e incandescente. Está glorificado y transfigurado.

5. Nada podemos decir sobre la figura del cuerpo resucitado. Sin embargo, la diferencia de sexos se conserva a pesar de la espiritualización del cuerpo.

6. Si el sentido y misión del cuerpo es servir de medio e instrumento al espíritu, el cuerpo resucitado cumple perfectamente su sentido. El cuerpo terreno sólo cumple su sentido de modo imperfecto, porque oculta en parte al espíritu. El verdadero cuerpo será el cuerpo del futuro, el cuerpo resucitado.


SCHMAUS
TEOLOGIA DOGMATICA VII LOS NOVISIMOS
RIALP. MADRID 1961.Pág. 224-226


El Secreto de los Masones (parte1 de 5)

junio 12, 2010

http://www.youtube.com/v/BS0HudiyFqA&hl=es_ES&fs=1

El Secreto de los Masones ( parte 3 de 5)

junio 12, 2010

http://www.youtube.com/v/mFaAs0QCEeQ&hl=es_ES&fs=1

El Secreto de los Masones (parte 2 de 5)

junio 12, 2010

http://www.youtube.com/v/xWWZB8NtwM0&hl=es_ES&fs=1

El Secreto de los Masones ( parte 5 de 5)

junio 12, 2010

http://www.youtube.com/v/I9Fl8AWkcyU&hl=es_ES&fs=1

El Secreto de los Masones (parte 4 de 5)

junio 12, 2010

http://www.youtube.com/v/U2QkQQ7Voaw&hl=es_ES&fs=1

Gerard Encause "PAPUS"

junio 2, 2010



Gérard Anaclet Vincent Encausse, más conocido como Papus (13 de julio de 1865, La Coruña – 25 de octubre de 1916, París), fue un médico y ocultista francés de origen español, gran divulgador del ocultismo, y fundador de la moderna Orden Martinista.
Nacido de padre francés (Louis Encausse, químico) y madre española, a la edad de cuatro años Gérard Anaclet Vincent Encausse y su familia se trasladaron a París, donde fue educado.
De joven, Encausse pasaba gran parte de su tiempo en la Bibliothèque Nationale estudiando Cábala, Tarot, las ciencias de la magia y la alquimia, y los escritos de Eliphas Lévi. Se inscribió en la Sociedad Teosófica francesa poco después de que fuera fundada por Madame Blavatsky en 1884 – 1885, pero se dio de baja pronto porque no le gustaba el énfasis que la Sociedad ponía en el ocultismo oriental. En 1888, cofundó su propio grupo, la Orden cabalística de la Rosacruz. Ese mismo año, él y su amigo Lucien Chamuel fundaron la Librarie du Merveilleux y su revista mensual L’Initiation, que se publicó hasta 1914.
Encausse también fue miembro de la Fraternidad Hermética de la Luz y de la Orden Hermética del Alba Dorada de París, además de la Memphis-Mizraím y probablemente de otras organizaciones esotéricas o paramasónicas, y también escribió muchos libros sobre ocultismo. Aparte de sus actividades paramasónicas y martinistas, fue también discípulo espiritual del sanador espiritualista francés Anthelme Nizier Philippe, “Maître Philippe de Lyon”.
A pesar de su profunda implicación en el ocultismo y en grupos ocultistas, Encausse logró encontrar tiempo para seguir estudios académicos más convencionales en la Universidad de París. Se doctoró en Medicina en 1894 con una tesis sobre Anatomía Filosófica. Abrió una próspera clínica en la rue Rodin.
Encausse visitó Rusia tres veces, en 1901, 1905 y 1906, para servir al zar Nicolás II y a la zarina Alejandra tanto como médico como consejero ocultista. En octubre de 1905, supuestamente invocó al espíritu de Alejandro III, padre del zar Nicolás, quien profetizó que el zar encontraría su caída en manos de los revolucionarios. Seguidores de Encausse sostienen que él informó al zar de que podía evitar mediante la magia la profecía de Alejandro tanto tiempo como Encausse siguiera vivo: Nicolás permaneció en el trono de Rusia hasta 141 días después de que Papus falleciera.
Aunque parece que Encausse sirvió al zar y a la zarina con alguna capacidad esencialmente chamánica, curiosamente andado el tiempo estaba preocupado por la fuerte dependencia que tenían del ocultismo para aconsejarlos en decisiones sobre asuntos de gobierno. En su correspondencia más tardía, les advirtió varias veces de la influencia de Rasputín.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Encausse se alistó en el cuerpo médico del ejército. Mientras trabajaba en un hospital militar, contrajo la tuberculosis y murió el 25 de octubre de 1916, a los 51 años.
Las primeras lecturas de tarot de Encausse y la tradición popular de la Cábala fueron inspiradas por los escritos ocultistas de Eliphas Lévi, cuya traducción del Nuctameron de Apolonio de Tiana impreso como suplemento de Dogme et Rituel de la Haute Magie (1855) le proporcionó su seudónimo (“Papus” significa “médico”).
En 1891, Encausse afirmó estar en posesión de los papeles originales de Martínez de Pasqually, y con ellos fundó una Orden Masónica de Martinistas denominada la Orden de los Superiores Desconocidos. Aseguraba que había sido iniciado en el Rito de San Martín por su amigo Henri vizconde de Laage (que sostenía que su abuelo materno había sido iniciado en la orden por el mismo San Martín), quien en 1887 había intentado revivir la orden. La Orden Martinista se convirtió en un objetivo primordial para Encausse, y sigue vigente en la actualidad como uno de sus legados más perdurables.
En 1893, Encausse fue consagrado como obispo de la Iglesia Gnóstica de Francia por Jules Doinel, quien había fundado esta Iglesia en 1890 en un intento de revivir la religión cátara. En 1895, Doinel abdicó como Primado de la Iglesia Gnóstica francesa, dejando el control de la misma a un sínodo de tres de sus primeros obispos, uno de los cuales era Encausse.
Durante este periodo, aproximadamente en 1894 – 1895, Encausse perteneció brevemente a la Sociedad Teosófica.
En marzo de 1895, Encausse se unió al Templo de la Golden Dawn Ahathoor de París.
Aunque Encausse reconocía al misterioso mago y sanador “Maitre Philippe” (Philippe Nizier) como su “maestro espiritual”, su primer y verdadero maestro en los aspectos intelectuales del ocultismo fue el marqués Alexandre Saint-Yves d’Alveydre. Saint-Yves había heredado los documentos de uno de los principales fundadores del ocultismo francés, Antoine Fabre d’Olivet, y probablemente fue Saint-Yves quien presentó a Papus al marqués Stanislas de Guaita.
En 1888, Encausse, Saint-Yves y de Guaita se asociaron con Joséphin Péladan y Oswald Wirth para fundar la Orden Cabalística de la Rosacruz.
En octubre de 1901 Encausse colaboró con Jean Carrère en la producción de una serie de artículos para el Echo de Paris, bajo el seudónimo Niet (“no” en ruso). En estos artículos se atacaba a Sergéi Witte y Pyotr Rachkovsky, y se insinuaba que existía una siniestra agrupación financiera que intentaba desbaratar la alianza franco-rusa. Encausse y Carrère pretendían que esta agrupación era un complot judío, y la naturaleza antisemita de estos artículos, agravada por la conocida relación de Encausse con el zar de Rusia, puede haber contribuido a la falsa alegación de que Papus fue el autor que fraguó Los protocolos de los sabios de Sión, un tristemente célebre panfleto antisemita que sostiene que una conspiración mundial judía controla los medios y las instituciones financieras.
En sus escritos sobre ocultismo, Encausse se basó ampliamente en las escrituras y los textos cabalísticos místicos de los judíos. También asistía a los encuentros rituales de la Golden Dawn junto a Moina Mathers (Mina Bergson), la esposa judía de Samuel Liddell MacGregor Mathers. Sin embargo, en sus escritos políticos firmados con seudónimo, censuraba a los judíos como malvados conspiradores financieros.
Esta contradicción entre la judeofilia ocultista y el odio político a lo judío nunca fue explicado ni reconocido en sus escritos. Una teoría expone que, como cristiano, deseaba apropiarse de la Cábala para sus propios fines espirituales, y para facilitar esto, fomentaba un clima de miedo y paranoia que esperaba que redundaría en la expulsión de los judíos de Europa.
Encausse nunca fue un francmasón permanente del Gran Oriente. A pesar de esto, organizó para el 24 de junio de 1908 en París la que se anunció como “Conferencia Masónica Internacional”, y en esta conferencia conoció a Theodor Reuss; aparentemente ambos hombres intercambiaron patentes:
Reuss promovió a Encausse al décimo grado de la Ordo Templi Orientis además de concederle permiso para establecer un “Gran Consejo General Supremo de los Ritos Unificados de la Masonería Antigua y Primitiva para el Gran Oriente de Francia y sus Dependencias en París”. Por su parte, Encausse ayudó a Reuss con la formación de la Ecclesia Gnostica Catholica (Iglesia Gnóstica Católica) de la O.T.O. como filial de la Iglesia Gnóstica de Francia, y así se constituyó la E.G.C. dentro de la tradición del neognosticismo francés.
Cuando en 1913 murió John Yarker, Encausse fue designado su sucesor en el oficio de Gran Hierofante (líder internacional) de los Antiguos y Primitivos Ritos de Memphis y Mizraím.
Papus y la Orden Martinista
Voy a resumir, en primer lugar, algunas conclusiones admitidas hoy en día, de forma general (con algún que otro pequeño matiz quizá), por los investigadores más recientes y serios de la historia del Martinismo:
Louis-Claude de Saint Martin no ha transmitido iniciación ritual que le sea propia, no ha fundado ninguna Orden de ningún tipo y en consecuencia no ha fundado la Orden Martinista. Sí parece documentado que tenía a su alrededor un grupo de discípulos con quienes compartía la luz espiritual que le animaba (1). Su círculo íntimo se constituyó de discípulos elegidos y de amigos fieles.
La filiación ritual de las actuales Órdenes Martinistas se remonta a Papus (Dr. Gérard Encause, 1.865 – 1.916), fundador de la Orden Martinista en 1.887-91. Esta filiación no puede ser negada. Ahora bien, hay cierta transmisión reconocida por Robert Amadou (2) en Papus (garantizada por la de Agustín Chaboseau), no sustentándose está en prerrogativas administrativas sino en un legado proveniente de Saint-Martin y su entorno. Papus, hablando de la transmisión de H. Delaage (3) que él recibió, nos dice: “Las primeras iniciaciones personales, sin otro ritual que esta transmisión de dos letras y algunos puntos, tuvieron lugar entre 1.884 y 1.885…” (4) Jean Chaboseau, hijo de Agustín Ch. y último Gran Maestro de la O.M.T., atestigua: “Nuestro difunto Hermano Agustín Chaboseau había redactado una nota sobre lo que fue llamado su “iniciación” por su tía Amélie Boisse-Mortemart, nota que no deja lugar a ninguna duda a este respecto. Se trataba únicamente de la transmisión oral de una enseñanza particular y de cierta comprensión de las leyes del Universo y de la vida espiritual, lo que, en ningún caso, podría ser considerado como una iniciación de forma ritualística. Los “linajes” que llegaron a Agustín Chaboseau, a Papus, y a otros y que provienen de Saint-Martin son, en efecto, linajes de afinidades espirituales y de ningún modo están constituidos por una sucesión ininterrumpida de ceremonias intangibles en el seno de una misma sociedad y en nombre de la misma” (5). El hecho de fundar una Orden Martinista no tenía para Papus y para aquellos que le apoyaron otro objetivo que el de salvaguardar la continuidad del espíritu que anima la iniciación verdadera (la Ciencia del Hombre) tal como lo manifestó Saint-Martin en su vida y su obra; los rituales dispuestos para esta Orden estarían, pues, destinados a poner a sus miembros en condiciones interiores de trabajar en un entorno adecuado las enseñanzas del Filósofo Desconocido y mantener vivo este espíritu, compartiendo el esfuerzo individual con el colectivo.
La filiación denominada “rusa”, en la que se reagrupan algunas Órdenes Martinistas, no remonta más a Saint-Martin que la de Papus.
Poco después de la muerte de Papus, la Orden Martinista propiamente dicha se divide en varias ramas, las cuales a su vez se han vuelto a dividir. Este conjunto de sociedades constituyen la Orden Martinista en el sentido más general.
Tengamos siempre presente que para Saint-Martin, que no fundó ninguna Orden, la iniciación ritual, cualquiera que sea, es siempre auxiliar, jamás indispensable, y que la verdadera iniciación se cumple en el corazón del Hombre Nuevo, órgano del amor y del conocimiento superior: “La santa alianza que sólo se puede encontrar después de una perfecta purificación” (6).
Las fuentes de las que bebe Saint-Martin principalmente y a través de las cuales desarrolla y fundamenta su doctrina son: “La doctrina de la Reintegración de los Seres” de Martínez de Pasqually, cuyas enseñanzas adquirió como miembro activo de su “Orden de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo”, de la cual se separaría más tarde; la obra del teósofo teutónico Jakob Böhme, su segundo Maestro espiritual, que descubrió ya en la madurez; y la religión cristiana, en la que profundizó recuperando su verdadero espíritu, que no es otro que “el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Jn. I:12) según el espíritu de Jesucristo (7) en su plenitud y el testimonio de los Evangelios, huyendo de la estrechez establecida en determinadas confesiones religiosas, particularmente en el catolicismo, donde fue educado. Para Saint-Martin “el cristianismo es el complemento del sacerdocio de Melquisedec; es el alma del Evangelio; es el que hace circular en este Evangelio todas las aguas vivas de las que las naciones tienen necesidad para apagar su sed. (…) el cristianismo nos muestra a Dios al descubierto en el seno de nuestro ser, sin el socorro de las formas y las fórmulas. (…) el cristianismo sólo puede estar compuesto de la raza santa y sacerdotal que era la del hombre primitivo, o verdadera raza sacerdotal” (8).“Un Cristiano es aquél que vive en Cristo, y en quien el poder de Cristo está vivo” (9).
Partiendo de estas premisas, recordemos que un joven Papus (sólo tenía 21 años cuando funda en 1.887 la Orden Martinista), con un ingenio y una mente privilegiada como lo muestran sus obras y su intensa actividad iniciática, pone su mejor intención para congregar, en un entorno adecuado, a aquellos que de forma directa o indirecta hubiesen recibido el influjo de la actividad de Saint-Martin, y a todos los que de forma honesta y sincera quisieran participar de la luz de su obra, que ya comenzaba a estar algo olvidada. Según sus declaraciones sobre la naturaleza de la Orden Martinista y de acuerdo al antiguo ritual Martinista del siglo XVIIIº, el marco que diseñó para reunir a aquellas personas con deseo de entender y participar de la obra y el espíritu de Saint-Martin, de acuerdo a la naturaleza de sus enseñanzas, es el de una Caballería Espiritual Cristiana operando bajo una gran discreción. En un artículo titulado “Acerca del Martinismo” (10), Papus escribe: “La Orden Martinista es una sociedad mística […], un centro activo de difusión iniciática […] constituido para propagar las líneas de la tradición occidental cristiana […]. Otra característica es la de aceptar en su seno a hombres y mujeres […]. La tercera característica del Martinismo es la de ser cristiano. El Martinismo defiende la acción del Cristo. El Martinista es el caballero de la idealidad cristiana. Mediante la enseñanza oral de la tradición occidental cristiana pone a punto al alma para percibir la vivificante acción del Verbo divino del Cristo glorioso…” En su obra “Martinezismo, Willermo-zismo, Martinismo y Francmasonería”, escribe: “… resaltemos que la Orden recibió de Saint-Martin el Pantáculo y el nombre místico de Cristo, (יהשוה(11, que adorna todos los documentos oficiales del Martinismo. Es necesaria la mayor fe de un clérigo para creer que ese nombre sagrado se relacione con otro diferente del de Jesús Cristo, el Divino Verbo Creador” (12). “La filiación Martinista se mantuvo viva gracias a pequeños grupos muy dinámicos, que efectuando un modesto ocultismo fiel a la conservación de la tradición iniciática del espiritualismo, caracterizado por el Misterio de la Santísima Trinidad y los misterios de Cristo, la alejaron de todo sectarismo” (13).
Señalemos también que, dada la desconfianza y los ataques que el clero del catolicismo romano ejercía en la época sobre este tipo de sociedades iniciáticas, y en particular contra aquellos ocultistas declarados como era el caso de Papus, había un posicionamiento anticlerical muy marcado que alejaba a la Orden Martinista de toda dependencia o relación con el clero.
Mucho más tarde, Jean Chaboseau reivindicaría este espíritu cristiano al observar que algunos Hermanos manifestaban cierta relajación al respecto: “El Martinismo es cristiano, esencial e integralmente cristiano y uno no podría concebir a un Martinista que no sea fiel a Cristo -al Cristo Jesús, único Salvador y Reconciliador, Encarnación del Verbo” (14).
Papus planteó así las líneas maestras de esta caballería espiritual y moral basada principalmente en la caridad cristiana, y contrariamente a lo que puedan pensar algunos frente al volumen y la diversidad de su obra, interesada en divulgar y justificar aquello que hasta la época era denominado “Ciencia oculta”, nos da muestras de estos ideales sin distracciones: “El camino del desarrollo espiritual es sencillo y claro: vivir siempre para los demás y nunca para uno mismo, hacer a los demás lo que os gustaría que os fuera hecho en todos los niveles; jamás hablar mal ni pensar mal de los ausentes. Hacer antes lo que cuesta que lo que gusta. Éstas son algunas de las fórmulas de este camino que conduce a la humildad y la oración. […] El camino místico necesita pues de una ayuda permanente en todos los niveles de evolución y de percepción. En el plano físico, ayuda de los compañeros y de los maestros que enseñan con el ejemplo; en el plano astral, ayuda de los pensamientos de devoción y de caridad que iluminan el camino y permiten superar las pruebas por la paz del corazón; finalmente, en el plano espiritual, ayuda de los espíritus guardianes mantenida por la compasión por todos los pecadores, la indulgencia por todas las debilidades humanas, y la oración por todos los ciegos y los enemigos. Entonces las sombras terrestres se disuelven poco a poco, la cortina se descorre durante unos segundos y la sensación divina de la Oración comprendida llena el corazón de coraje y de amor” (15). Con estos ideales, que inspiran el ritual Martinista, la invocación en todos los trabajos de Ieshuah, el divino Reparador, y “bajo los auspicios del Filósofo Desconocido, nuestro Venerable Maestro”, se opera en la búsqueda y la realización de la única iniciación que proclama Saint-Martin como verdadera: “aquella por la que podemos entrar en el corazón de Dios, y hacer entrar el corazón de Dios en nosotros, para hacer un matrimonio indisoluble, que nos haga el amigo, el hermano y el esposo de nuestro divino Reparador” (16).
Reconociendo el carácter místico y cristiano de la Orden, respetando en todo momento la libertad del individuo, agrupando a aquellos que silenciosa y pacientemente buscan la verdad, siempre se ha mantenido en el Martinismo un espíritu abierto y respetuoso con otras vías tradicionales, pues la experiencia de lo divino trasciende a las formas que se acercan a ella y, lejos de separar, une aún más a los hombres que se reconocen así como participando de la misma naturaleza celestial; pero le será más difícil mantener el rumbo adecuado al peregrino que se distrae en los cruces de caminos. R. Ambelain nos dice: “La Verdad es una, y las doctrinas esotéricas no son más que rayos que de ella escapan. Sin duda. Pero es necesario que cada una ocupe su lugar; no es armonioso que un lama predique el evangelio, que un imán enseñe el tantrismo, que un yogui sólo afirme las Tríadas y que un cabalista se declare taoísta” (17). Respetando así las vías que han sido abiertas, la ascesis Martinista sigue la luz de Ieshuah, nuestro guía, el Reparador, encarnado para guiarnos en el camino de la Reintegración renaciendo continuamente en los corazones iluminados e inflamados por el Espíritu Santo. Pero es que la Potencia de este Reparador, Espíritu doblemente fuerte u Octonario (18)que Dios envió para regenerar al Adán Kadmón caído en la materia, es universal. “Toda la religión Cristiana [religión en su verdadero sentido de religar al hombre con Dios] está basada en el conocimiento de nuestro origen, de nuestra actual condición y de nuestro destino. Ella muestra primero cómo de la unidad caímos en la diversidad, y cómo podemos retornar al estado primordial. Segundo, muestra lo que éramos antes de volvernos desunidos. En tercer lugar, explica la causa de la continuación de nuestra presente desunión. Y, en cuarto lugar, nos instruye sobre el destino final de los elementos mortales e inmortales dentro de nuestra constitución. Todas las enseñanzas de Cristo no tienen otro objetivo que el de mostrar el camino para volver a ascender de un estado de diversidad y diferenciación a nuestra unidad original…” (19), porque “Todo lo que es coeterno con ella [con la Unidad] es perfecto. Todo lo que se separa de ella está alterado o es falso” (20). Esta es la enseñanza de nuestras Luminarias: “la diversidad retornando siempre hacia la Unidad” (21). Sólo en este sentido puede el Martinista ser considerado FILÓSOFO o AGENTE DE LA UNIDAD, título que jamás adquirirá a través de la ciencia del hombre ni a través de sincretismo de ningún tipo, ya que “Todas nuestras disputas y especulaciones intelectuales con relación a los misterios divinos son inútiles, pues se originan en fuentes externas. Los misterios de Dios sólo pueden ser conocidos por Dios; para conocerlos debemos primero buscar a Dios en nuestro propio centro. Nuestra razón y voluntad deben retornar a la fuente interior de la cual se originan; entonces llegaremos a la verdadera ciencia de Dios y sus atributos” (22). Si dedicamos nuestra vida sólo a cultivar el saber intelectual cuya complejidad hunde sus raíces en la imaginación y la razón humanas, percibiremos que cuanto más aprendemos, más se aleja de nosotros el límite de lo que nos queda por aprender. Pero si en un solo instante nuestro corazón se abre a la fuente divina, la gnosis eterna (Sophia) romperá el velo que envuelve nuestro verdadero entendimiento revelándonos la sabiduría celeste, aquella de la cual la verdad humana no es más que un sombrío reflejo desfigurado y a veces pervertido. Es así que, repito una vez más, el verdadero cristianismo se hace universal, pues abiertos los ojos del espíritu, el ser regenerado se da cuenta de que “Todos nuestros sistemas religiosos no pasan de ser obras del intelecto. Debemos repudiar todos los deseos personales, disputas, ciencias y voluntad, si queremos restaurar la armonía con la madre que nos dio nacimiento en el principio; por el momento, nuestra alma es el quintal de centenas de animales maliciosos, que nosotros mismos colocamos allá, en el lugar de Dios, y a los cuales adoramos como si fuesen dioses. Tales animales deben morir antes que el principio Crístico pueda comenzar a vivir. El hombre debe retornar a su estado natural (pureza original), antes de poder volverse divino”. “Sólo aquél en quien el Cristo existe y vive es un Cristiano, un hombre en quien el Cristo surgió de la carne estéril de Adán. Él será un heredero de Cristo –no por cuenta de méritos de nadie, ni por ningún favor concedido a él por un poder externo, sino por la gracia interna”. “Él [el verdadero cristiano] posee una única ciencia, que es la del Cristo interior; sólo tiene un deseo, hacer el bien” (23). Si entendemos correctamente esto comprenderemos por qué “el propósito de nuestra Orden no es el de establecer maestros dogmáticos, sino más bien, al contrario, agrupar a sinceros estudiantes devotos de la hermandad de la verdad universal”, oponiéndose a todo “dogma, ostracismo y fanatismo”. Desafortunadamente, quien no alcanza a entender el verdadero sentido de estas palabras en el contexto natural que les corresponde, camina justo en sentido contrario, no hacia el origen unificador del Cristo, sino hacia una proyección que divide hasta el infinito a la frágil razón humana, que se cree poderosa cuanto más atrapada se encuentra en la imaginación demoniaca y más se pierde así en los valles tenebrosos de la muerte. “Feliz, en verdad, es ese hombre que encuentra la sabiduría que le unifica y le une a Dios” (24).
Quisiera aclarar aquí que, a menudo, algunas veces por ignorancia y otras por intentar justificar una transmisión iniciática horizontal según los usos ceremoniales o rituales, se pretende equiparar la Iniciación, tal como la concibe Saint-Martin, con esta otra que se dispensa en el seno de la Orden Martinista, tal como fue ordenada por Papus, y que se fue desarrollando con ciertos matices según las distintas ramas que han surgido de la Orden primera. Esto es absurdo, pues tal como hemos dicho, la Iniciación que proclama Saint-Martin es algo interno que ocurre en el corazón del hombre, en su fondo, en su esencia, revelándose finalmente como una teofanía, una obra de generación de la presencia divina, pues Dios, el Verbo, se manifiesta sustancialmente como Dios en el hombre, Dios manifestado por el hombre, Dios pronunciando su Verbo en nosotros, Emmanuel, el Hijo amado del Padre surgiendo de las profundidades del abismo insondable de nuestro ser: “…el Dios único que ha elegido su santuario único en el corazón del hombre, y en este hijo querido del espíritu que todos debemos hacer nacer en nosotros…” (25). Es evidente que esta revolución interior no puede ser concedida por nadie, porque es fruto y consecuencia de la regeneración que sólo el ser, por sí mismo, puede llevar a cabo con la ayuda de Dios. “Las sociedades iniciáticas –nos dice Papus- tienen por objeto principal desarrollar la naturaleza humana y hacerla apta para recibir las influencias directas de los planos superiores. Deben desarrollar, sobre todo, la intelectualidad sin descuidar la espiritualidad; he aquí uno de los axiomas que enseñan: la iniciación es siempre individual y la sociedad no puede más que enseñar la ruta, para evitar los senderos peligrosos” (26). Y en el caso que nos ocupa, esta ruta viene trazada en la Obra de Saint-Martin, a cuyo estudio y asimilación está dedicado todo Martinista para llegar a alcanzar el estado de regeneración espiritual del que hemos hablado. La Orden Martinista se convierte así en una congregación fraternal de Hombres de Deseo animados por aspiraciones puras a convertirse en Hombres Nuevos, y si la gracia les alcanza, en Hombres Espíritu, verdaderos Hijos de Dios.
Robert Amadou nos dice al respecto de la iniciación en el seno de la Orden Martinista: “Reconozcamos, todavía, que la iniciación ritual es el medio más común y el más fácil de ingresar en la Orden Martinista. Ella proporciona a todo aquél que la recibe una poderosa ayuda. Un auxilio místico, en primer lugar, de los Hermanos pasados o presentes, en comunión de los cuales nos permite entrar más fácilmente. Ayuda moral y también material de los miembros contemporáneos. Auxilio intelectual por el socorro que solicita en el estudio de la doctrina, sea por trabajos en común, sea por la voz de los adeptos más avanzados, sea, principalmente, por las tradiciones de las cuales esos adeptos son el reflejo y que duermen en el seno de la Orden, no esperando sino un príncipe cuyo amor vendrá a despertarlas” (27).
Papus fue también el principal animador de un movimiento de renovación, a finales del siglo XIXº, de los estudios esotéricos. Rodeado de escritores de talento, investigadores y eruditos, se propuso, y así lo hizo, hacer llegar al público, incluso a los menos enterados, esta forma misteriosa y peculiar de comprender el universo, la metafísica y la ciencia. Pero la prolífica obra y actividad de Papus no siempre ha ayudado a mantener el Martinismo dentro de lo que deberían ser sus legítimos límites, al igual que algunos de sus colaboradores que participaban también de un afán por reunir el conocimiento disperso a través de las distintas tradiciones. De aquí que se hayan añadido al estudio de la doctrina Martinista conceptos provenientes de la kábala, la astrología, el hermetismo, la magia, el tarot, la alquimia, etc., y esto se ha incrementado en mayor o menor medida según nuevos desarrollos han venido separándose del origen. Ya en los rituales preparados por Teder (28)para masonizar la Orden, aprobados por el Supremo Consejo de la misma en 1.913, se pretende hacer del Martinismo un receptáculo de las claves de la Sabiduría Antigua según la historia del hermetismo, de sus doctrinas, de sus ritos, de sus ceremonias y de sus hieroglifos, recogiendo así ciertas tradiciones rosicrucianas herméticas y cabalistas, todo esto mezclado con continuas referencias al Filósofo Desconocido y a su primer maestro, Martínez de Pasqually, olvidando, tal como advertía Saint-Martin, que “la posesión de todas las ciencias posibles sólo sería para nosotros un tesoro embarazoso, dudoso e incluso pernicioso, si no hemos sido bien instruidos por adelantado sobre cuál debe ser su verdadero objetivo, y cuáles son los medios que tenemos continuamente que tomar para cumplir perfectamente su objeto” (29). Fue muy fácil y muy seductor caer en los mismos errores que intentó combatir Saint-Martin al separarse del sistema masónico, sobre el que Teder quería volver a fundamentar de nuevo el Martinismo, intento que el propio destino abortó, si es que podemos hablar de destino donde la providencia divina actúa. Esto provocó que, tras la muerte de Papus, un grupo de Hermanos y Hermanas retomara el primer espíritu de la Orden volviendo a la sencillez de sus primeros rituales, dando nacimiento así a la Orden Martinista & Sinárquica que se ha mantenido activa hasta nuestros días.
No podemos negar que ninguna rama del Martinismo moderno ha quedado exenta de esta influencia ocultista, más o menos, y es por ello que, en los tiempos actuales, ha llegado la hora de poner orden dentro de casa y separar lo propio de lo ajeno, recobrando así la verdadera identidad que por su naturaleza intrínseca, de acuerdo a su origen verdadero, le corresponde al Martinismo. No quiero restar importancia ni menospreciar otras importantes tradiciones, muy al contrario, siento por ellas un profundo respeto, pero creo que no forman parte del sistema que nos es propio y que se ha dado en llamar la “vía del corazón” o una “teúrgia intracardiaca”, de la cual Saint-Martin dice: “tenemos lo interno que lo enseña todo y protege de todo, el corazón, donde todo pasa entre Dios y el hombre, por la mediación única de Cristo y los desposo¬rios de la sabiduría. El reencuentro con la cosa se hace místico” (30).
En los prolegómenos de los primeros “Cuadernos de la Orden reservados a las Logias Regulares y a los Iniciadores” (31), redactados entre 1.887 y 1.891, se hace la siguiente referencia a Nuestro Venerable Maestro, dicho el Filósofo Desconocido: “Iniciado en la práctica del hermetismo por Martínez de Pasqually, en el conocimiento del Absoluto por mediación de las obras de Jakob Böhme, Saint-Martin defendió siempre la pureza de la Tradición contra las usurpaciones de los profanadores”. Si Saint-Martin pudiese ver las aberraciones que han aparecido y siguen apareciendo en relación con su nombre y su obra, posiblemente se hubiese avergonzado de lo que algunos proclaman o han proclamado como Martinismo, pues los profanadores han terminado por usurpar el mismo título de “Martinista”.
Cualquiera que sea el vehículo, la iniciación Martinista debe estar totalmente penetrada por el espíritu de Saint-Martin. Por lo tanto, Hermanos Martinistas, pongamos manos a la obra y no perdamos más tiempo con distracciones que, la mayoría de las veces, sólo nos conducen a dar vueltas en un círculo sin principio ni fin, y cuando invoquemos a los Maestros Pasados, pidamos ayuda para reconocer el verdadero Camino de la Reintegración, la Ruta Interior que le trazó el Filósofo Desconocido por la voz grave y amable de Louis-Claude de Saint-Martin. Nuestro camino es silencioso y más bien solitario, y nuestros trabajos colectivos están imbuidos de caridad (32) cristiana y, como consecuencia de ello, de una profunda y sincera fraternidad entre los miembros. Un Templo Martinista jamás puede ser manchado por el fanatismo, la animosidad, la falsedad y la discordia, y siempre deben habitar en él la caridad, la paz, la verdad, la bondad, la compasión y la comprensión. “Que la paz, la alegría y la caridad permanezcan en nuestros pensamientos, en nuestros labios y en nuestros corazones, ahora y por toda la eternidad”, para que podamos ser reconocidos por nuestros Hermanos y nuestros Maestros, tanto visibles como invisibles.
Tal es la obra a cumplir en el seno de nuestra Orden, que debe emular en lo posible esa “Sociedad” pensada por Saint-Martin como una Fraternidad del Bien, de Hermanos Silenciosos e Invisibles consagrando sus trabajos a la celebración de los misterios del nacimiento del Verbo en el alma, círculo íntimo de piadosos Servidores de Ieshuah, que no debería tener “ninguna especie de parecido con ninguna de las sociedades conocidas” (33).
Nuestras “enseñanzas son elementales, los símbolos poco numerosos, pero suficientes al modesto objetivo de nuestra Orden. Sus miembros conocen pocas cosas, pero las conocen bien y poseen los elementos de un desarrollo personal que puede conducirles aún más lejos. Desconocidos y Silenciosos, no esperan otra cosa de sus trabajos que la infinita satisfacción que procura la seguridad de una conciencia pura y de un corazón dispuesto a todos los sacrificios por la humanidad” (34).


NOTAS:
1. “Decidió, sobre todo, fundar él mismo una sociedad (comunidad) en la que el propósito sería la más pura espiritualidad, y para la cual comenzó a elaborar a su manera las doctrinas de su Maestro Martínez”. G. V. Rijnberk, citando un artículo de Varnhagen von Ense, fechado en 1.821, sobre Saint-Martin.
2. Louis-Claude de Saint-Martin y el Martinismo. Robert Amadou.
3.R. Ambelain cuenta que Dellaage, en su lecho de muerte, impuso las manos a Papus consagrándolo “S::: I:::” según la regla, pero sin llegar a transmitirle ninguna tradición secreta. (Le Martinisme. Histoire et doctrine. Robert Ambelain. Ed. Niclaus, París. Pág. 150).
4. Martinezismo, Willermozismo, Martinismo y Francmasonería. Cap. III, 2. Papus.
5. Carta de dimisión de Jean Chaboseau como Gran Maestro de la Orden Martinista Tradicional. Septiembre de 1947. Boletín Informativo del G.E.I.M.M.E. n.º 7.
6. El Hombre Nuevo. Saint-Martin.
7. “Es no conocer nada de este Reparador, dirá Saint-Martin, querer considerarlo solamente bajo sus colores exteriores y temporales, sin remontarse, por las progresiones de la inteligencia, hasta el centro divino al que pertenece”. (El Ministerio del hombre espíritu, 2ª parte, Del Hombre).
8. El Ministerio del hombre espíritu, 3ª parte, De la Palabra.
9. Vida y doctrina de Jakob Böhme. Franz Hartman. (Citas seleccionadas de la obra de J. B.)
10. El contenido de este artículo aparece recogido en la obra del mismo autor “La Ciencia de los Magos” y en otras de sus obras.
11. “Emblema de la redención del hombre” y “nombre del Nazareno”. “Rituel de l’Ordre Martiniste” escrito por Téder; reproducción integral de la edición de Dorbon, París – 1.913. Ed. Télètes, París, 2002. Pág. 88.
12. Martinezismo, Willermozismo, Martinismo y Francmasonería. Cap. II, 1.2 B): Carácter esencialmente cristiano del Martinismo. Papus.
13. Martinezismo, Willermozismo, Martinismo y Francmasonería. Cap. III, 1: Filiación Martinista: Saint-Martin, Chaptal y Delaage. Papus.
14. Carta de dimisión de Jean Chaboseau como Gran Maestro de la Orden Martinista Tradicional. Septiembre de 1947. Boletín Informativo del G.E.I.M.M.E. n.º 7.
15. La Ciencia de los Magos. Papus. Ediciones Abraxas, Barcelona, 2.006. Pág. 138, 139.
16. Carta a Kirchberger, 19 de junio de 1797.
17. Le Martinisme. Histoire et doctrine. Robert Ambelain. Ed. Niclaus, París. Pág. 158.
18. Doctrina de la Reintegración de los seres. Martínez de Pasqually.
19. Vida y doctrina de Jakob Böhme. Franz Hartman. (Citas seleccionadas de la obra de J. B.)
20. De los Números. Epígrafe X. Saint-Martin.
21. “Rituel de l’Ordre Martiniste” escrito por Téder; reproducción integral de la edición de Dorbon, París – 1.913. Ed. Télètes, París, 2002. Pág. 61.
22. Vida y doctrina de Jakob Böhme. Franz Hartman. (Citas seleccionadas de la obra de J. B.)
23. Vida y doctrina de Jakob Böhme. Franz Hartman. (Citas seleccionadas de la obra de J. B.)
24. La nube del no-saber y el libro de la orientación particular. Anónimo inglés s. XIV. Ed. San Pablo, 1.981. Pág. 224.
25. El Hombre nuevo, epígrafe 27. Saint-Martin.
26. Tratado elemental de Ciencia Oculta. Papus. Ed. Humanitas, Barcelona, 1.988. Pág. 290.
27. Louis Claude de Saint-Martin y el Martinismo. Robert Amadou.
28. “Rituel de l’Ordre Martiniste” escrito por Téder; reproducción integral de la edición de Dorbon, París – 1.913. Ed. Télètes, París, 2002.
29. Las Vías de la Sabiduría, Obras póstumas. Saint-Martin.
30. Robert Amadou, Introducción, en el Tratado sobre la Reintegración, Colección Martinista, 1.995.
31. Documents Martinistes, n.º 14. “Cahiers de l’Ordre au temps de Papus”. Robert Amadou.
32. “Ved cómo el amor conduce a la caridad, y, en efecto, durante este paso temporal, el amor no puede tener otra base, puesto que es por la caridad que las virtudes divinas descienden hasta la estancia de nuestra corrupción; puesto que es por la caridad que el universo tuvo nacimiento y se sostiene; puesto que es por la caridad que se disolverá, para que el tiempo de expiación llegue a su fin, la paz reaparezca en Israel, y el corazón del hombre vaya a regarse directamente a su fuente”. Las Vías de la Sabiduría, Obras póstumas. Saint-Martin. Ver también el “Himno al amor cristiano”, Primera Carta a los Corintios, 13 (San Pablo).
33. El Cocodrilo, canto 14. Saint-Martin.
34. Documents Martinistes, n.º 14. “Cahiers de l’Ordre au temps de Papus”, “But de l’Ordre”. Robert Amadou.

El Zohar

junio 2, 2010

EL ZOHAR
zohar  = ( esplendor )
5 cosas que deber saber a del zohar
1)¿Qué es el Zóhar?
El Zóhar es una colección de comentarios sobre la Tora, fue escrito por el grupo del Rabí Shimon, quien junto con sus nueve estudiantes constituyen el deseo completo de otorgamiento (Kli, vasija) que es similar al Creador, con el propósito de guiar a aquellas personas que ya  han  alcanzado elevados  niveles espirituales hacia la raíz  (u origen) de sus almas. El Zohar describe el momento de la Creación como una explosión tipo Big Bang, habla de un universo que existe en diez dimensiones, y explora la noción de universos paralelos.
El Zohar es un libro de secretos y sabiduría espiritual.
El Zóhar comprende todos los estados espirituales que experimentan las personas a medida que sus almas evolucionan. Al final del proceso, las almas alcanzan lo que los cabalistas llaman “el final de la corrección”, el más alto nivel de la plenitud espiritual.
Aquéllos que no han alcanzado ningún nivel espiritual, puede parecerles que el Zóhar es apenas una compilación de alegorías y de leyendas que pueden ser interpretadas y percibidas en forme distinta por cada individuo. Pero, para aquéllos que han alcanzado elevados niveles espirituales, o sea los cabalistas, el Zóhar es una guía práctica para llevar a cabo acciones internas, con el propósito de descubrir estados de percepción y de sensación más profundos y más elevados.
2) ¿Para quién es el Zóhar?
Como hemos mencionado en la respuesta No. 1, el Zóhar fue escrito por personas que ya habían alcanzado la percepción espiritual. Contiene las representaciones de Rabí Shimón Bar Yojai (Rashbi), que había alcanzado todos los 125 niveles de la escalera espiritual. Rashbi describió el camino espiritual completo y lo tituló Zóhar (“resplandor” en hebreo).
El Zóhar está construido de manera tal que aquéllos que alcancen algún nivel espiritual puedan beneficiarse de lo que lean en él. Previo al estudio del Zóhar uno necesita estudiar otros textos que enseñen cómo comprender con propiedad los textos que están en el Zóhar.
Según el Zohar, los ángeles toman diferentes formas, a veces masculina, otras femenina.
3) ¿Quién escribió el Zóhar y cuándo?
De acuerdo a todos los cabalistas, y como está escrito al principio del libro, el Zóhar fue escrito por Rabí Shimón Bar Yojai (Rashbi), que vivió en los siglos II y III de nuestra era. Existen algunas opiniones en los círculos académicos que afirman que el Zóhar fue escrito en el siglo XI por el cabalista Rabí Moshe de León. Esta opinión la contradijo Rabí Moshe de León mismo, quien afirmó que el libro había sido escrito por Rashbi.
Para el enfoque cabalístico es mucho más importante la cuestión acerca de por qué fue escrito, que quién pudo haberlo escrito.
El propósito del Zóhar es ser una guía para las personas, para que alcancen el origen de sus almas. 
El camino que conduce al origen del alma de cada uno consiste de 125 etapas. Rabí Yehuda Leib Ha-Levi Ashlag escribe que un cabalista que ha pasado todas estas etapas y que comparte la misma percepción espiritual que el autor del libro, ve claramente que este autor no podría haber sido otro que Rashbi.
Según el Zohar Los descendientes de Caín fueron “los hijos de Dios”[185].
Pues Caín nació de Samael no de Noé y su aspecto no era como el de otros seres humanos, y 
todos los que vinieron de su estirpe fueron llamados “hijos de Dios”.
4) ¿Por qué estuvo el Zóhar oculto por tanto tiempo?
El Zóhar estuvo oculto durante 900 años, entre el siglo II y el siglo XI de nuestra era, debido a que aquéllos que poseían su sabiduría comprendían que en esos tiempos la gente no lo necesitaba aún, y que por lo tanto mal interpretarían su contenido. 
Recién en el siglo XVI de nuestra era apareció un cabalista que explicó los fundamentos de la Cabalá.
Este cabalista fue el  Ari, Rabbi Isaac Luria Ashkenazi (1534-1572). El Ari afirmaba que de ese momento en adelante la sabiduría de la Cabalá estaba preparada para ser revelada a todo el mundo.
Los comentarios sobre los trabajos del Ari y del Zóhar aparecieron en el siglo XX, el siglo donde se vio la más terrible explosión en la historia de los deseos humanos. Durante este período apareció un alma única, la de Rabí Yehuda Leib Ha-Levi Ashlag (Baal HaSulam). Baal HaSulam explicó la sabiduría de la Cabalá de manera que nuestra generación pudiera entenderla.
Más aún, Baal HaSulam fue el único cabalista del siglo XX que escribió comentarios acerca del Zóhar y de los trabajos del Ari. 
Esto no significa que no haya habido grandes cabalistas antes de él, sino simplemente que sus trabajos no los comprenden fácilmente los estudiantes contemporáneos. La popularidad actual y la gran demanda por la Cabalá atestigua la disposición de nuestra generación a absorber su mensaje universal, y a comprehender los textos auténticos que hablan acerca de la raíz de nuestras vidas y cómo alcanzarla.
Según el Zohar Adán estaba en el Jardín de Edén, Dios le envió un libro por mano de Raziel, el ángel encargado de los misterios sagrados. En este libro había inscripciones superiores que contenían la sabiduría sagrada, y setenta y dos ramas de sabiduría expuestas de modo de mostrar la formación de seiscientos y setenta inscripciones de misterios elevados. En medio del libro había un escrito secreto que explicaba las mil y quinientas llaves que no estaban reveladas ni siquiera a los ángeles santos, y que estaban todas cerradas en este libro hasta que llegó a las manos de Adán.
Cuando Adán lo obtuvo, lo rodearon todos los ángeles santos para oírlo leer el libro, y cuando empezó, exclamaron: “Exaltado seas, oh Señor, por encima de los cielos, que tu gloria sea por encima de toda la tierra”[262]. Entonces le fue enviado secretamente el ángel Hadarniel para decirle: “Adán, Adán, no reveles la gloria del amo, pues sólo a ti, y no a los ángeles, es dado el privilegio de conocer la gloria de tu Amo”.
Adán estudió el libro por el resto de su vida, y  se lo dejó a su hijo Seth que, a su vez, lo transmitió a su posteridad, y, así,hasta que llegó a Abraham, que aprendió de él cómo discernir la gloria del Altísimo, según se ha dicho. De manera similar, Enoj poseía un libro por el cual aprendió a discernir la gloria divina.
5) ¿Dónde puedo encontrar más acerca del Zóhar?
Aún hoy, el Zóhar no puede ser comprendido y asimilado directamente, sino que se requieren preconceptos de espiritualidad antes de que enfocarse en el libro. ( el previo estudio de la biblia )
El más grande de los cabalistas de nuestros tiempos, Rabí Yehuda Leib Ha-Levi Ashlag (Baal HaSulam), escribió introducciones al Zóhar precisamente para orientar el enfoque a este libro tan profundo, antes de empezar a estudiarlo directamente.
Los artículos cultivan las cualidades espirituales de una persona para percibir la realidad Superior. Además, los textos aportan conocimiento sobre cómo abordar ciertos términos, frases y conceptos del Zóhar, para maximizar su empleo como una guía para el crecimiento espiritual, evitando perderse en representaciones materializadas que la mente humana está siempre inclinada a formarse.
Descubrir el Zóhar significa descubrir nuestro mundo interior y nuestro potencial ilimitado. 
No obstante antes de empezar a leerlo se recomienda el previo estudio de la Biblia.
En este blog puedes leer el Zohar el la sección de libros apócrifos.
Bienaventurados los justos de este mundo y del mundo por venir, pues el Santo, bendito sea, los desea en su gloria y les revela los misterios supremos de su nombre santo que no ha revelado a los ángeles superiores ni a sus santos.»       (Zohar III, 78b).


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LAMIA

junio 2, 2010

Lamia en griego, es un personaje femenino de la mitología y el folclore grecolatinos, caracterizado como asustaniños y seductora terrible. En este último aspecto, constituye un antecedente de la vampiresa moderna. Se la concibe como un personaje individual, pero también como el nombre genérico de un tipo de monstruos (las lamias). A menudo se la asocia con figuras similares de la cultura griega (Empusa) o hebrea (Lilith). En el folclore neohelénico, vasco y búlgaro encontramos tradiciones sobre lamias, herederas de la tradición clásica.
Según el historiador griego Duris de Samos, Lamia era una reina de Libia a la que Zeus amó, hija de Poseidón o Belo y Libia (escolio a las Avispas de Aristófanes, verso 1035 y escolio a la Paz del mismo autor, v. 758). Hera, celosa, la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (o, en otras versiones, mató a sus hijos y fue la pena lo que la transformó en monstruo). Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Aunque era femenina, el comediógrafo Aristófanes asegura que el demagogo Cleón tenía “los testículos de una lamia” (Avispas v. 1035, Paz v. 758), queriendo decir, probablemente, que no los tenía en absoluto (y que, en caso de tenerlos, estarían tan sucios como los de una lamia, siendo el monstruo famoso por el hedor que desprendía).
A pesar de la venganza de Hera, hay algunas tradiciones que sostienen que la primera sibila era hija de Zeus y Lamia.
La etimología del nombre no se ha establecido con certeza. Probablemente se relaciona con el adjetivo lamyrós, “glotón”, y el sustantivo laimós, “gaznate, gañote”. Algunos creen que pertenece a la misma familia el latín lemur, que designa a unos espectros (los lémures) tipológicamente similares a las lamias.
En la Antigüedad, las madres griegas y romanas solían amenazar a sus hijos traviesos con este personaje. El poeta romántico inglés John Keats dedicó al personaje un poema narrativo largo, que da nombre al libro Lamia y otros poemas. Se inspiró en La novia de Corinto, una historia que aparece en la Anatomía de la melancolía de Robert Burton, quien a su vez la tomó de la Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato (4. 25). Según cuenta Filóstrato, Menipo, un joven aprendiz de filósofo, se dejó seducir por una misteriosa mujer extranjera que lo abordó cuando caminaba por las afueras de Corinto. La mujer insistió en que se casaran, y a la boda acudió el sabio Apolonio, quien tras observar detenidamente a Menipo declaró “tú, al que las mujeres persiguen, abrazas a una serpiente, y ella a ti”. La novia, en efecto, era una lamia o Empusa, y aunque al principio negaba su condición, acabó confesando que había seducido a Menipo para devorarle y beber su sangre, pues la de los mozos como él es pura y rebosa vigor.
Según opinión bastante extendida, la Lamia mitológica sirvió de modelo para las lamias (lamiae en latín), pequeños monstruos africanos, humanos de la cintura para arriba, que atraían a los viajeros con su agradable siseo y enseñando sus senos, para después matarlos y devorar sus cuerpos. La noticia más antigua de estos seres se encuentra en el discurso quinto del orador Dión Crisóstomo, quien se refiere a ellos como “fieras líbicas”, no lamias. Posteriormente, las lamias aparecen a menudo en los bestiarios como ejemplo de monstruo despiadado y salvaje. En la catedral de Pésaro (Italia) se conserva un mosaico del siglo VI en el que dos lamias aparecen representadas como pájaros con cabeza humana [1].
Mitología vasca e íbera
En la mitología vasca, las lamias son genios mitológicos a menudo descritos con pies de ave, cola de pescado o garras de algún tipo de ave. Casi siempre femeninos, de una extraordinaria belleza, moran en los ríos y las fuentes, donde acostumbran a peinar sus largas cabelleras con codiciados peines de oro. Suelen ser amables y la única forma de enfurecerlas es robarles sus peines. Se cuenta también que han ayudado a los hombres en la construcción de dólmenes, cromlech y puentes.
A veces se enamoran de los mortales, pero no pueden casarse con ellos, pues no pueden pisar tierra consagrada. En ocasiones tienen hijos con ellos. En otras leyendas son mitad humanos y mitad peces. Otras dicen que no son más que la diosa Mari.
Cuenta una leyenda que una vez una mujer le robó el peine de oro a una lamia y ésta, enfurecida, trató de maldecirla, pero no lo logró, puesto que sonó la campana de la iglesia y eso la salvó.
En numerosas localidades españolas (especialmente del sureste de la Península) el mito de las lamias se adapta en la Leyenda de la Encantada.
Tal y como lo cuentan los Capadocios, Lamia era la suma sacerdotisa de la Madre oscura Lilith. Su nombre, titulo y deberes eran una herencia de su madre, que a su vez los había heredado de la suya. Esto ha sido así desde los tiempos del Jardín del Edén, cuando la única hija de Lilith, la primera Lamia, fue engendrada por Adán en un acto de violenta pasión al negarse Lilith a servirle. Lamia, y todas las Lamias posteriores, veneraron en secreto la memoria de la Madre Oscura, la Mujer Anterior a Eva. Cada Lamia buscaría a mujeres de valía para hacerles comprender su ascendencia e instruirlas en las secretas artes de su sexo. Cuando llegase el momento, cada una recibiría la semilla de un esclavo anónimo (sacrificado después a la Madre Oscura) para criar una hija.
A lo largo de los años, el Culto de Lamia fue un secreto para los tiranos, reyes y senadores que enterraban el destino de los hombres bajo sus pies. Pero los no muertos tienen oídos en todas partes, y sucedió que Lazarus, del clan Capadocio, llegó una noche sin luna al templo escondido en el que Lamia celebraba sus ritos ante la Madre Oscura. Su fervor y erudición, y quizás otras cualidades, tocaron algo que Llevaba mucho tiempo oculto en el corazón del Capadocio; y así, emergiendo de su escondrijo, Lazarus cayó sobre Lamia, como hiciera Adán en el amanecer del mundo, Abrazándola ante la desaprobadora mirada de la estatua de ébano de la Madre Oscura.
Al llegar el amanecer, Lazarus se escondió en el interior del templo, y al despertar de nuevo instruyó a su nueva chiquilla en el mundo de los no muertos” La hermosa sacerdotisa, decretó, que pasaría la eternidad en contemplación de la muerte, la Madre Oscura de la que nadie escapa. Lamia, con una ligera sonrisa, accedió a acompañarle… pero no sin susurrarle al oído algunos de sus propios secretos. Lazarus, amistoso como debía mostrarse un sire con su chiquilla, se detuvo a escuchar, y Lamia habló. Lo que ella le dijo, jamás lo ha recordado. Pero incluso los tranquilos Ladrones de Tumbas encuentran extraño que Lazarus nunca haya vuelto a hablar con su chiquilla desde la noche del Abrazo, buscando siempre algún pretexto para evitar su compañía. Cuando las circunstancias fuerzan la proximidad de sire y chiquilla, Lamia suele dirigir una mirada a Lazarus, después sonríe y musita unas pocas silabas ininteligibles; y el cadavérico semblante de Lazarus se vuelve todavía mas pálido. De hecho, algunos de los neonatos mas descarados murmuran que Lazarus se ha convertido en un ermitaños sólo para librarse de ella.
En cualquier caso, cuando Lazarus se apartó de los labios de su chiquilla y huyó del templo a llamativa velocidad, Lamia le siguió. Una vez en el templo de los Capadocios, fue iniciada en el Clan de la Muerte por el propio Japheth. Pero Lamia no seguiría otra senda que la marcada por ella misma, y su progenie llevó siempre la marca de su separación.
Aunque una línea aparte, los chiquillos de Lamia mantuvieron un estrecho contacto con los Capadocios: donde iban ellos, allí les seguían. Compartían la sed de conocimientos… aunque Lamia prefería los reinos de la sensación y la experiencia a las paginas de áridos tomos. Los Capadocios estudiaban la muerte: Lamia la exaltaba. Se regocijó en su condición vampirica, viéndola como el don de Lilith y la evolución natural de la humanidad: tal y como Lilith se negó a yacer voluntariamente con Adán, dicen las Lamias, los vampiros no deberán preocuparse por la humanidad, salvo como depredadores.
Los conocimientos de las Lamias beneficiaron las investigaciones de los Ladrones de Tumbas, que solían delegar en sus chiquillas los asuntos relativos a la Madre Oscura. Por su parte, las Lamias se concentraron en la defensa, sirviendo al Clan de la Muerte como derviches y guerreras. Incluso en estas funciones se muestran espirituales, adorando a la muerte en la persona de la Madre Oscura. Esta exaltación de un principio femenino perturba a los Cainitas que creen haber sido condenados por un dios furioso, y ciertas Lamias exacerban esta desconfianza difundiendo su evangelio bajo el disfraz de cultos dedicados a la glorificación de Marla.
Las Lamias son raras, pero han acompañado a sus progenitores por toda la Europa del Medievo Oscuro. Son el nervio y el alma del cerebro Capadocio. En un sentido mas practico, suelen desempeñar funciones de guardaespaldas y centinelas para los frecuentemente ocupados Ladrones de Tumbas.
Últimamente, las Lamias se sienten preocupadas por el creciente fatalismo de los Capadocios y el auge cada vez mayor de la familia Giovanni. Consideran las practicas de los Nigromantes viles y sacrílegas, algo que perturba lo que no debería ser perturbado. Aunque la lealtad a sus progenitores evita que las Lamias emprendan las hostilidades, la animosidad entre ambas líneas se hace mayor cada noche que pasa.



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